¡Exigimos a nuestros gobiernos el embargo de armas y el fin a las relaciones con el estado genocida de Israel!
El estado terrorista de Israel está extendiendo sus ataques con bombardeos en Siria, Yemen, Irán y Líbano, sin que haya respuesta de la comunidad internacional y continúa, masacre tras masacre, con su proyecto sionista y de limpieza étnica en Palestina. La situación de violencia extrema y la violación de derechos humanos que está viviendo la población en Gaza está traspasando cualquier límite humano; por ejemplo, han borrado del mapa a familias enteras, siendo la infancia la más golpeada por los ataques israelíes. Estamos hartas de gritar ¡basta! y de ver niños y niñas desmembradas, asesinadas.
Desde la Asociación HERES, como organización que trabaja por los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y que lucha por la justicia social y ambiental, condenamos enérgicamente los continuos ataques indiscriminados y violaciones graves de derechos humanos que, diariamente, presenciamos contra la población civil de Gaza; acciones que constituyen crímenes de guerra. También condenamos los indefendibles y atroces ataques de Hamás contra civiles israelíes, pero esto no puede derivar ni justificar, en ningún caso, un ataque colectivo sobre la población civil de Gaza.
La escalada de violencia y la barbarie parecen no tener límites. Ya son decenas de miles las personas que han sido asesinadas en Gaza (la mayor parte de la población, niños y niñas). ¿Hasta cuándo la comunidad internacional va a permitirlo y a convertirnos en cómplices de este genocidio?
Los graves abusos que se están produciendo no comenzaron el 7 de octubre. Durante décadas, el pueblo palestino ha sido sometido a abusos sistémicos, a bloqueos, al control absoluto de sus recursos, … En definitiva, apartheid y crímenes de guerra al amparo de un manto de impunidad otorgado por la comunidad internacional. Este silencio ha allanado el camino hacia lo que estamos presenciando estos días.
España y la UE tienen un papel fundamental que desempeñar para revertir el desprecio del derecho internacional y promover iniciativas que resuelvan el conflicto y lleven a la construcción de la paz. El silencio cómplice no es una opción. Instamos a todos los líderes políticos a pedir un alto el fuego inmediato y la protección de la sociedad civil. Además, exigimos que España suspenda la compra, así como el suministro, la exportación e importación de todas las armas, municiones y otros equipos militares y de seguridad a Israel. No podemos ni queremos tener acuerdos comerciales con el ejército israelí, pues esto nos hace, de algún modo, cómplices de las atrocidades cometidas. Por todo ello, la respuesta, por parte del gobierno de nuestro país, no debe ser otra que la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel.
Parte de la munición que se está disparando en estos momentos contra la población civil de la Franja de Gaza y, también, en Cisjordania y en el Líbano, está fabricada en suelo español a través de la empresa alemana Rheinmetall (que ha comprado desde el inicio del genocidio varias empresas en nuestro país) e, incluso, el Ministerio de Defensa formalizó dos acuerdos, con empresas contratistas del Ejército de Israel, durante el mes de agosto pasado. España es el 8º exportador de armas del mundo y, si mostrara su desaprobación por los crímenes de Israel, enviaría un mensaje muy poderoso y una señal de esperanza al pueblo palestino y a las personas de conciencia de todo el mundo. España ya ha suspendido antes la venta de armas con Israel y, ahora, muchos partidos políticos piden al gobierno el fin de este comercio. Pidamos, todas y todos, que el gobierno español deje de permitir estos horribles ataques.
Los Estados de todo el mundo no deben contribuir a los crímenes de guerra israelíes pero sí deben poner fin a todo comercio bélico con Israel. España es un gobierno progresista de la Unión Europea y, por eso, ¡Necesitamos que España actúe!
Israel solo puede llevar a cabo tales crímenes gracias al apoyo de Estados Unidos de América y la Unión Europea. A estas alturas del genocidio cabe preguntarse cuál es nuestra responsabilidad en el asesinato de tantos niños y niñas y de cuánto sufrimiento somos, en parte, responsables. No podemos seguir lamentando el horror de lo que está ocurriendo en Palestina. Tenemos que obligar a nuestros gobiernos a actuar con valentía para detener este genocidio. Está en nuestras manos.
¡Exigimos a los líderes políticos un alto al fuego inmediato y la protección de la sociedad civil!
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